Pasó casi un año desde las últimas llamadas intercambiadas entre Freder
y su mentor, el reconocido profesor Monralás. Tampoco se supo mucho de
Freder en los pasillos del instituto, sólo se supo que dejó de dar clases y que
ahora dedicaba su tiempo al cien por ciento en su trabajo como analista de
datos. Incluso sus amigos y colaboradores más cercanos tenían dificultad para
acercarse a él. Fue en esos días que el Dr. Monralás, decidió llamar a Freder,
para ver si estaba bien. Aunque en un principio no contestó, terminó haciéndolo
después de 10 llamadas seguidas. Freder contestó, un poco apagado y denotando
cansancio extremo:
–¿Por qué me llama? No le veo sentido a sus llamadas.
A lo que Monralás, mostrando su preocupación, le responde:
–Creí que te alegraría oírme, llevamos meses sin saber de ti, ¿en serio estás
bien?
Freder, aún evasivo y apático, responde:
–¿Para qué quiere hablarme? La última vez que lo hicimos mi modelo había
fracasado y nadie encontró respuestas. Si no las tiene, será mejor que me deje
solo.
Monralás, en un intento por animarlo, le dice al joven:
–Escucha, tal vez las cosas no salieron bien hace unos meses, pero ahora
unos colegas, antiguos alumnos míos, exploraron tu modelo por mera curiosidad
y descubrieron que los resultados encajan casi a la perfección con las observacio-
nes astronómicas sobre energía oscura. Creo que esta extraña energía que sale
de la nada es la que infla el espacio a gran escala. ¿Ahora sí quieres hablar?
Freder, escéptico ante las palabras del Dr. Monralás, le responde con un
tono un poco burlón:
–¿Y espera que me crea eso? Suena demasiado bueno para ser verdad.
Monralás, viendo lo evasivo que se comportaba el propio Freder, envía un
link y documentos a su correo, con los resultados teóricos que obtuvieron sus
antiguos alumnos. Monralás le insiste a Freder abrir su correo, y tras varias
peticiones por parte del profesor, el joven acepta.
–Está bien, checaré sus resultados– contestó Freder.
Después de leer un poco lo que envió el profesor, Freder contesta nueva-
mente al teléfono, que había dejado descolgado y en espera:
–¿En serio me manda esto hasta ahorita? Yo descubrí todo esto dos días
después de que dejamos de hablar.
Tras una pequeña carcajada por parte del profesor, le pregunta a Freder:
–Entonces, ¿por qué no te comunicaste antes?
A lo cual, Freder, recuperando su tono cansado, responde:
–Después de lo que pasó, preferí aislarme.
Monralás, poniéndose algo regañón, le reprocha a Freder:
–¿Y tú crees que eso fue una respuesta muy madura de tu parte? Eso no
ayuda a resolver la situación, y además de que te extrañamos, estos ex alumnos
dicen que quieren trabajar contigo. Llevan semanas atorados con ciertas partes
de tu ecuación, no saben cómo encontrar nuevas soluciones, y ni con las mejores
súpercomputadoras han logrado resolver los problemas más complicados. Ellos
creen que como eres el autor de la teoría, y conociendo tu obsesión por resolver
las cosas, bueno, tal vez tú podrías...
Freder interrumpe y dice:
–¿Resolverla? Sí, he resuelto algunos casos complicados de la ecuación, y
sí, he encontrado cosas interesantes en los últimos meses. Pero no colaboraré
con nadie, yo trabajo solo.
Pero Monralás, esta vez más serio, vuelve a regañar Freder:
–Escucha, la última vez que rechazaste una oferta por querer hacer las
cosas solo no te dije nada, ni siquiera la vez que te ofrecieron ese proyecto en
Europa y que también rechazaste. Pero esta vez estamos hablando de tu propia
teoría, tienes que estar presente.
A lo cual, Freder un poco irritado, le recrimina:
–¿Presente en qué? ¿En que se vuelvan a burlar? Tal vez la ciencia se base
en críticas a los trabajos ajenos, pero esta vez me criticaron a mí, no a mi
trabajo. Que hagan lo que quieran con mi ecuación, yo encontraré mis propios
resultados y veré cómo probar mi teoría.
Monralás, aunque aún enojado, intenta tranquilizarse y responde un poco
nervioso:
–Escucha Freder, no quería decírtelo de manera tan dura, pero ellos con-
tinuarán con o sin ti, y ya están en contacto con un antiguo colega mío que se
interesó en tu teoría. Este amigo desarrolló un nuevo acelerador de partículas
de menor tamaño y de mayor potencia a los convencionales, y además de todo,
logró construir un reactor de fusión nuclear totalmente funcional–. Tras quedar-
se pensativo algunos segundos, recordando a su amigo y colega, continuó –él es
tan brillante como tú pero en el ámbito experimental, y tiene a su disposición
tecnología que ni los mejores laboratorios del mundo tienen. Mis ex alumnos
trabajarán con él a partir de la próxima semana, y sería bueno que formaras
parte del equipo, tú debes estar presente ahí.
Freder se quedó mudo por algunos segundos, y sin saber qué decir, lo único
que se le ocurrió fue lanzar una pregunta al viejo Monralás:
–¿En serio espera que me crea lo del reactor de fusión? Los gobiernos del
mundo han invertido millones en eso durante años, ¿y ahora usted me sale
con que hay fusión nuclear y nadie lo ha comentado en las noticias? Y aún
suponiendo que sea cierto, ¿qué es lo que debería hacer yo? Tarde o temprano
los demás podrán resolver mi ecuación, incluso mejor que yo.
Monralás, notando la pizca de interés de su antiguo alumno, continuó:
–Mi viejo amigo ha pasado más de 30 años buscando fuentes de energía
alternas para el mundo, algunas de ellas poco convencionales y peligrosas. Mu-
chos proyectos permanecen en secreto para evitar que el gobierno los cancele,
por eso no has oído de la fusión nuclear. Aunque la fusión se considera segura,
podría no agradarle mucho al gobierno, sobre todo por la gran dependencia de
este país en el sector petrolero. No te puedo decir mucho más, pero lo que sí
puedes saber es que, él tiene la tecnología que requieres para alcanzar la región
de energía ilimitada, sólo él puede ayudarte a probar si tus predicciones son
correctas. ¿No tienes aunque sea un poco de curiosidad de saber qué pasará?
Freder quedó atónito una vez más, y al ver que la conversación se podría
extender mucho más, decide despedirse y acabar con la llamada de una vez por
todas:
–Usted sabe que siempre tendré curiosidad, pero el trabajo en equipo no
me llama la atención. Estoy cansado, mejor otro día hablamos, esta vez no
desapareceré.
Tras una breve despedida por parte del profesor, Freder cuelga el teléfono,
y se dispone a dormir, no sin antes dar una nueva revisión a las ecuaciones
que había rayado en la pared de su pequeño departamento, la cual parecía un
grafiti callejero de tantos rayones y ecuaciones que tenía dibujadas. Por otro
lado, el profesor decidió no insistir más, ya que sabía que las últimas palabras
del joven Freder significaban un “tal vez”, y para él era más que suficiente oír
eso.
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